La infertilidad: Relatos y experiencias personales (I)

Qué ganas teníamos de publicar las siguientes entradas del blog… vais a saber porqué muy muy pronto…

En el post anterior hablamos sobre la infertilidad desde un punto de vista muy objetivo y técnico, aportando datos, factores de riesgo, posibles causas y recomendaciones o tratamientos.

A continuación, tanto en esta entrada del blog como en los siguientes, vais a poder entender la infertilidad desde un punto de vista mucho más personal, íntima y real.

Os dejamos pues con los primeros 4 relatos de personas que han pasado o están pasando por este tipo de situaciones o experiencias, relatados y escritos desde un punto de vista muy real y con mucho amor.

Si al leer los relatos te sientes identificado/a y te apetece contarnos tu historia, puedes dejarnos un comentario al final del artículo.

Esperamos que disfrutéis de ellos tanto como nosotras lo hemos hecho al leerlos.

La Magia de Amar y Confiar.

Dicen que el amor lo puede todo. Y aunque a veces flaqueemos, amar y confiar son sin duda unos valiosos compañeros de viaje en la búsqueda de crear más vida en tu interior: Tener un hijo.

Nunca nos habíamos planteado tener familia. Curiosamente, fue tras la boda cuando esta idea empezó a aparecer en mí, con mucha fuerza. Y digo curiosamente, porque para mí, siendo muy consciente, casarse no era, ni es, causa ni sinónimo de formar una familia. Ahora bien, para el subconsciente era otra cosa: Valores y creencias socioculturales transmitidas desde la infancia que creía superados afloraron.

Pasaban los meses y no sucedía el embarazo. Al principio no le daba importancia, te dicen que no es tan fácil embarazarse, que entre los 6 meses y el año, es lo habitual. Recuerdo que trataba de estar tranquila creyendo que llegaría el día en que ocurriría el regalo tan deseado, tener un bebé, mi bebé.

Sin embargo, el periodo dentro de lo que era normal había llegado, un año exactamente, y ni rastro de embarazo. Así que le dije a mi chico que fuéramos a hacernos un chequeo.

Tras las pruebas oportunas y viendo que todo estaba bien, le tocó el turno a él. Aquí parece que estaba el asunto, pocos y lentos soldaditos que no llegaban a fecundar el óvulo. Parecía solución sencilla, y recuerdo el amor y el cariño con el que el ginecólogo nos animó y recomendó ponernos en manos de una clínica privada de reproducción asistida en Bilbao, y eso hicimos.

Aquí comenzó otra fase dentro del proceso. La atención, el trato, la organización, las instalaciones, todo era muy acogedor y se respiraba un ambiente normalizado en cuanto al tema de la infertilidad, lo que nos ayudó mucho a normalizarlo nosotros también y a no sentirnos raros ni los únicos a los que les pasaba algo así.

Recuerdo salir de la primera consulta con mucha esperanza, porque nos dijeron que era algo sencillo, que yo estaba bien, y que con el ICSI cogerían los mejores espermatozoides para conseguir unos buenos embriones, por lo que directamente nos recomendaron una FIV. Quería empezar cuanto antes, las ganas de ser madre y de lograr el tan deseado embarazo cobraron de nuevo mucha fuerza, hasta que tras el primer intento fallido, otra vez empecé a flaquear.

Lo que no sabía, era que este era el comienzo de lo que iba a ser para mi (para mi chico también, solo que él lo vivió de otra manera, diría que con más presencia que yo) la fase del proceso más dura y compleja donde la impotencia, los sentimientos de culpa, la incertidumbre y la desesperanza iban a acompañarme durante una buena temporada. Concretamente 2 años.

En este periodo, hicimos otros dos intentos de FIV-ICSI, que fueron fallidos. Yo ya estaba desmoralizada y muy cansada. Mi pareja además de sostenerse así mismo, me sostenía a mí. Lo que comenzó siendo una intención se convirtió en una obsesión (veía más embarazadas que nunca, me dolía mucho cuando mujeres de mi círculo cercano se quedaban embarazadas con facilidad y nosotros llevábamos ya tres años de intentos fallidos. No entendía nada, tampoco sé si quería comprenderlo). Fue en este momento, cuando decidimos parar el tratamiento y replantearnos muchas cosas: entre ellas, además del desembolso económico (que estaba siendo considerable), la adopción, la donación, pero sobre todo, cuán de importante era para nosotros, o para qué queríamos ser padres? Si íbamos a permitir que esto estropeara nuestra relación de pareja, o si por el contrario íbamos a apostar por nosotros y por la vida con o sin hijos y eso hicimos.

Decidimos tomarnos un año de descanso, para escucharnos, para atendernos y para recuperar la cordura que yo poco a poco estaba perdiendo. En un año y con mucho esfuerzo, aprendimos a situarnos ante la vida desde otra posición más consciente, respetuosa y amorosa hacia nosotros mismos, a valorar lo que realmente era importante, y a celebrar que estábamos vivos, que no era poco.

En definitiva, aprendimos a disfrutar de la vida con cada cosa que se nos presentaba, nos gustase o no. Me acuerdo perfectamente, pasado casi un año de aquella decisión, cuando le dije a mi chico que me encontraba fenomenal y que si no éramos padres que también sería fabuloso. Estaba disfrutando realmente de ser quien era, fuera madre o no, y eso era lo realmente auténtico. Entonces decidimos volver al centro de reproducción asistida, para hacer nuestro último intento. Esta vez la visita fue diferente, entrabamos firmes, seguros de quienes éramos y realmente sin grandes expectativas, por no decir ninguna. Y aunque era el último intento, sabíamos que en ese momento todo estaba bien. Si en este no nos quedábamos embarazados, terminaría aquí la idea de formar una familia, pero no nuestra ilusión por disfrutar de la vida.

Como si de un milagro se tratara, este fue el último intento para lograr nuestro sueño. Hicimos el proceso habitual de medicalización hormonal para la extracción de los ovocitos, la elección mediante ICSI de los espermatozoides, la formación de los embriones, etc. Seis embriones de los cuales cuatro eran fabulosos. El día de la implantación del embrión fue un día muy normal y tranquilo, sin expectativas pero con confianza de que ocurriera lo que ocurriera iba a ser lo que tenía que ser. Regresamos a casa sintiendo nuestra unión y nuestro amor con más fuerza que nunca. Ahora solo teníamos que esperar 10 días, para los resultados de la Beta y sabríamos si había embarazo o no. Y llegó el día de la gran prueba. No pasó ni una hora de espera, cuando nos llamó la enfermera primeramente para darnos la buena nueva. Y no se me olvidaran nunca las palabras de la ginecóloga que tampoco tardo en llamarnos para felicitarnos y decirnos que estaba embarazadiiiisima!!!

Por fin, íbamos a ser padres si todo iba bien. Y tras los 9 meses de un embarazo muy disfrutado, pudimos recibir y abrazar al que cada día nos hace sonreír y confiar en la vida, y sobre todo en nosotros mismos.

Quiero terminar este relato, por una lado, AGRADECIENDO de todo corazón a mi pareja, por el amor y el apoyo incondicional con el que me sostuvo durante todo este tiempo. Si no fuera por él, no hubiera sido posible. Y por otro, animando a aquellas parejas, y mujeres especialmente, que estén pasando por esta experiencia, a CONFIAR en ellas mismas, y en la vida. Sea lo que fuere, lo importante es tenerse a uno mismo, para poder dar lo mejor a la vida que está deseando ser acogida.

El primer intento fallo pero en el segundo conseguimos el embarazo.

Nuestra historia comienza como todas en estos casos: queríamos tener un bebé y tras un periodo intentándolo vimos que podía haber algún problema así que decidimos ir a una clínica de reproducción a pedir ayuda.

Allí lo primero fue informarnos de las opciones y los distintos tratamientos en función de nuestro problema particular que determinaron después de un espermiograma y un análisis de reserva ovárica que nos hicieron.

Nos recomendaron un ICSI, que consiste en extraer el mayor numero de óvulos posible para fecundarlos artificialmente uno a uno y conseguir el mayor numero de embriones viables.

Comenzamos pinchándome una medicación diariamente en el abdomen. Terminado el tratamiento me hicieron una punción para extraer los óvulos, 3 en este caso. Los tres estaban maduros así que los vitrificaron. Como eran pocos volvimos a repetir todo el proceso para conseguir más óvulos. La segunda vez conseguimos 5. Ya con 8 tomaron muestra de esperma y realizaron la fecundación. Nos llamaron para decirnos que solo 3 embriones habían progresado y nos citaron para la transferencia (introducir el embrión fecundado en mi cuerpo). Los otros dos embriones los vitrificaron.

Tras la transferencia nos recomendaron reposo durante 48 horas y no hacer ningún esfuerzo abdominal. El primer intento fallo pero en el segundo conseguimos el embarazo.

Un aspecto a destacar fue la profesionalidad y el tratamiento excepcional a nivel humano que recibimos por parte de todo el personal de la clínica. Desde recepcionistas a médicos todos fueron cariñosos, amables, cercanos y empáticos.

Solo tenemos palabras de agradecimiento para la clínica ya que gracias a ellos tenemos una niña preciosa y maravillosa con nosotros.

Mucho ánimo si estás pasando por una situación parecida.

Comencé a intentarlo a los 30 años y no lo conseguí hasta los 40, cuando ya prácticamente lo daba por perdido. Al año y medio de comenzar a buscar el embarazo la ginecóloga me derivó a la consulta de esterilidad y desde ese momento comenzaron las largas listas de espera de Osakidetza algo que, realmente, se me ha hecho muy pesado. Mientras tanto, acudí a la medicina privada.

Aparentemente los dos estábamos bien, simplemente el embarazo no llegaba. Te cuentan historias de parejas a las que les costó 3, 5, 10 años… cuando ya no lo esperaban llegó el niño, y yo esperaba que a mí me sucediera igual, ya llegará me decía a mí misma… Tras completar el ciclo de inseminaciones y tras dos años de espera accedí al tratamiento de fecundación in vitro (con 37 años) y en el primer transfer apareció un problema en el cuello del útero. Requería cirugía pero debía ponerme de nuevo en lista de espera y esperar casi otro año, así que me operé en IVI Valencia.

Hice tres tratamientos de fecundación in vitro (dos en la sanidad pública y uno en la privada) y los tres fallaron. En el último quedó un embrión congelado. Ese era mi última oportunidad porque ese año cumplía los 40, edad límite para los tratamientos en Osakidetza, y tope que yo misma me había marcado para seguir haciéndome tratamientos. Y ese embrión nos dio la sorpresa!!! He de decir que a partir de ahí terminaron las dificultades porque el embarazo me fue estupendo aunque al principio no lo disfruté, aún tenía miedo de que todo fuera demasiado bonito para ser verdad.

A lo largo de este tiempo recuerdo que tenía la sensación de que mi vida no avanzaba. La gente a mí alrededor se emparejaba, se juntaban o casaban, tenían niños… y yo me había quedado atascada en el embarazo. Recuerdo el bajón que me daba el día que me bajaba la regla, la de pruebas de embarazo que me hice cuando se me retrasaba y el no poder evitar sentirme mal cuando me enteraba que alguien de mi entorno se había quedado en estado (aunque me sentaba peor que me lo ocultaran).

En todos estos años he pasado por muchas fases: de ilusión al principio, de obsesión después, de espera paciente, de desesperación, de depresión e incluso de duelo, porque llegué a vivir como una pérdida el hijo que nunca llegaba.

También me planteé otras cuestiones como adoptar o si recurriría a la donación de óvulos. Incluso gente que conocí durante los tratamientos se planteaban como siguiente paso recurrir al vientre de alquiler y yo me preguntaba hasta dónde estaría dispuesta a llegar yo, dónde estaba mi límite (porque en algún momento está claro que hay que ponerlo), cuándo había llegado el momento de renunciar y de aceptar.

Está claro que un embarazo es algo más que ciencia, tiene su parte de misterio, algo que no depende de nosotros. Y aunque muchas veces es inevitable pasarlo mal, creo que es importante mantener una buena actitud, sin obsesionarnos demasiado ni acomodarnos en nuestra tristeza.

Mucho ánimo si estás pasando por una situación parecida.

El resultado precioso, pero en mi caso todo lo anterior no se olvida.

Eso de que todo se olvida cuando ves el resultado es mentira…..todo el proceso de ser padres cuando no llega resulta muy largo y agotador.

Cinco años de búsqueda, que al principio no le das importancia, incluso aprovechas más el día a día antes de que desaparezca esa libertad plena. Pero cuando pasan dos años y empiezas a preocuparte y entras en estudio, todo se hace más largo y cuesta arriba.

En mi caso, con el comienzo del estudio se me detectó que estaba infectada del virus del papiloma humano y todavía más largo…tuvimos que hacer un parón para intervenirme y recuperarme de ello.

Y qué decir de las hormonas……en esto sufrimos todos, esos cambios de humor y el verte hinchada como un globo…y la presión de ir con el calendario y las jeringuillas a todos los lados, esto es inolvidable. Luego queda la decepción, pasas por todo esto para nada….en mi caso dos decepciones y a la tercera me quedé embarazada.

El resultado precioso, pero en mi caso todo lo anterior no se olvida.

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